Hay deportistas a los que podemos conocer simplemente mirando su palmarés. Pero hay otros casos en los que las medallas solo cuentan una pequeña parte de la historia.
Asley González Montero ha sido campeón del mundo de judo, subcampeón olímpico y uno de los grandes referentes del judo cubano de las últimas décadas.
Pero detrás de esos resultados hay muchas más cosas.
Hay un niño que empezó judo con 11 años. Años viviendo en escuelas de alto rendimiento. Entrenamientos sin apenas recursos. Victorias, derrotas, lesiones importantes, dudas sobre si podría continuar compitiendo, una primera retirada, salir de Cuba, volver al judo representando a Rumanía y, finalmente, aprender a construir una nueva vida como entrenador.
Tuve la oportunidad de sentarme con Asley para hablar precisamente de todo eso.
No quería hacer una entrevista centrada únicamente en qué técnica utilizó para ganar un campeonato o cuál fue su combate más complicado. Quería intentar conocer qué existe detrás del deportista de élite.
¿Quién es Asley González?
Asley González Montero es un judoka nacido el 5 de septiembre de 1989 en Cuba.
Compitió durante la mayor parte de su carrera internacional en la categoría de -90 kg y participó en tres Juegos Olímpicos.
Entre sus principales resultados encontramos:
- Campeón del mundo en Río de Janeiro 2013.
- Plata en los Juegos Olímpicos de Londres 2012.
- Bronce en el Campeonato del mundo de París 2011.
- Dos medallas de plata en Juegos Panamericanos.
- Dos oros y tres platas en Campeonatos Panamericanos.
- Participación en tres Juegos Olímpicos.
- Múltiples medallas en diversos Grand Slams, Grand Prix y Masters.
Pero para entender su camino hay que ir bastante más atrás.
Hay que volver al momento en el que todavía no existían las medallas.
Entrevista completa con Asley González
En este artículo te resumiré y reflexionaremos sobre todo lo que nos contó Asley, aunque si te gustaría verlo en vídeo, en el podcast de Chishiki Judo puedes ver la conversación completa con Asley, donde hablamos de muchos temas que te van a resultar muy inspiradores y lo podrás tomar como ejemplo para tu camino como judoka y para tu vida.
Empezar judo con 11 años: ¿es demasiado tarde para ser campeón del mundo?
Asley empezó a practicar judo a los 11 años.
Llegó a este deporte gracias a su abuela, que trabajaba con un entrenador que daba clases de judo en una unidad militar.
Puede parecer una edad bastante tardía si pensamos en cómo se vive actualmente el deporte infantil. Hay niños que empiezan judo con cuatro o cinco años y, desde muy pequeños, encontramos padres y entrenadores preocupados porque ganen campeonatos y consigan resultados.
Sin embargo, Asley explicaba que en Cuba empezar alrededor de los nueve, diez u once años era bastante normal.
Con unos 12 años ganó un campeonato provincial y entró en una escuela deportiva donde se reunían algunos de los mejores jóvenes de cada categoría. Allí estudiaban y entrenaban. Durante la semana vivían internos en la escuela y regresaban a casa durante el fin de semana.
Precisamente por eso me interesaba preguntarle en qué momento aparece realmente la presión por conseguir resultados.
Su respuesta me parece importante, especialmente para quienes trabajamos con niños.
«Creo que eres muy pequeño para presionarte.»
En aquellos primeros años, según explica, no pensaba demasiado en resultados. Iba al colegio, hacía judo y disfrutaba.
La dedicación verdaderamente profesional comenzaron bastante después, aproximadamente alrededor de los 17 o 18 años.
Creo que esto debería hacernos reflexionar. Presionar a tus alumnos o hijos por conseguir una medalla con seis, ocho o diez años tampoco debería convertirse en el objetivo alrededor del que construimos la experiencia deportiva de un niño.
Asley empezó con 11. Y terminó siendo campeón del mundo.
¿Qué hace falta realmente para convertirse en deportista de élite?
Una de las cosas que quería preguntarle era qué separa realmente a un deportista normal de uno capaz de llegar a la élite. Porque todos podemos decir que la respuesta es entrenar mucho. Pero cualquiera que haya conocido deportistas de cierto nivel sabe que no es tan sencillo. Hay muchísima gente que entrena muchas horas y nunca llega a ser campeona del mundo.
Para Asley no existe una única característica.
Habló de preparación, mentalidad, presión, carácter y de muchas pequeñas cosas que tienen que reunirse.
Pero finalmente lo resumió en tres palabras:
«Sacrificio, voluntad, disciplina.»
También hablamos de esos días en los que simplemente no quieres entrenar. Cuando estás físicamente cansado. Cuando mentalmente estás agotado. Cuando levantarte e ir otra vez al tatami es lo último que te apetece hacer.
En su caso, además, el propio sistema cubano hacía bastante difícil elegir.
Los deportistas vivían juntos dentro de una estructura de alto rendimiento. Allí dormían, comían, estudiaban y entrenaban. No existía demasiado margen para decidir que aquel día estabas cansado y preferías quedarte en casa. Había que entrenar.
Es fácil admirar la medalla cuando vemos a alguien encima de un podio.
Lo que normalmente no vemos son todos aquellos días completamente normales en los que esa persona hizo lo que tenía que hacer sin que hubiese ningún público mirando.
Londres 2012: ¿cuánto tarda un atleta en agradecer una plata olímpica?
En 2012 todo ese trabajo llevó a Asley a una final de los Juegos Olímpicos de Londres.
Solo llegar hasta allí ya es algo reservado para una parte minúscula de todos los deportistas que alguna vez practican judo. Y consiguió una medalla de plata olímpica.
Desde fuera parece difícil imaginar algo que no sea felicidad. Pero existe una peculiaridad bastante cruel en la plata. Para conseguir un bronce normalmente terminas ganando. Para conseguir el oro también. Pero para conseguir una plata tienes que perder tu último combate.
Por eso quería preguntarle algo que llevaba tiempo pensando: ¿Cuánto tarda un atleta en agradecer una plata olímpica cuando soñaba con el oro?
En su caso, no demasiado. Evidentemente estaba triste inmediatamente después de perder la final. Había llegado hasta allí para intentar convertirse en campeón olímpico.
Pero Asley explicaba que, cuando llegó el momento de subir al podio, ya era consciente de lo que acababa de conseguir. Una medalla olímpica. Algo que demostraba que todos aquellos años de entrenamiento y sacrificio habían merecido la pena.
Aunque reconocía algo:
«Se te queda una espinita por dentro que no se cura nunca.»
La ilusión de ser campeón olímpico continuó ahí. Pero pudo valorar su plata. Y esta conversación nos llevó a algo todavía más interesante. A cómo aprende a perder alguien que ha llegado a convertirse en uno de los mejores del mundo.
No debes perder dos veces por lo mismo
Cuando observamos a los mejores solemos recordar sus victorias. Pero para llegar hasta ellas también han perdido muchísimo. Asley lo decía de una manera muy sencilla:
«Yo perdí muchas veces en mi vida.»
Aunque también explicaba que cuando perdía normalmente sabía por qué había perdido. Intentaba entender qué había fallado, encontrar una solución y trabajar para que no volviese a suceder. Y entonces dijo una de las frases que más me gustaron de toda la conversación:
«No debes perder dos veces por lo mismo.»
Evidentemente puedes volver a cometer un error. Somos humanos y en judo intervienen demasiadas variables como para controlarlo absolutamente todo. Pero la idea es muy potente: Una derrota no debería terminar simplemente en frustración, enfado o queja.
Mejor pregúntate ¿por qué he perdido? Y después ¿hay algo que pueda hacer para evitar que vuelva a suceder?
Porque cuando eres capaz de hacer eso, conviertes esa derrota en aprendizaje y experiencia. Como decía el propio Asley:
«No es una pérdida realmente, es experiencia.»
Y esa experiencia se gana precisamente compitiendo, equivocándose y acumulando años sobre el tatami.
Del segundo puesto olímpico a campeón del mundo
Solo un año después de Londres llegó otro de los momentos más importantes de su carrera. El Campeonato del Mundo de Río de Janeiro 2013. Y de nuevo, una final. Por eso le pregunté si en aquel momento apareció el recuerdo de Londres. Si volver a estar a un combate del oro podía hacerle pensar: ¿Y si vuelvo a quedarme segundo?
Su respuesta fue prácticamente la contraria. Asley estaba convencido de que iba a ganar. La plata olímpica no le generaba inseguridad, le daba confianza. Ya había demostrado que podía competir al máximo nivel. Ya tenía una medalla olímpica detrás que respaldaba todo el trabajo realizado y llegó a aquella final mundial sintiéndose preparado para ganar.
Algo que me llamó especialmente la atención fue su forma de hablar de las dudas antes de una competición. Porque estar seguro de ti mismo no significa necesariamente no tener dudas. Asley explicaba que durante la preparación también aparecían pensamientos como:
¿Estaré suficientemente preparado? ¿Habré entrenado lo suficiente? ¿Me faltará algo?
Y decía algo curioso: las veces que llegaba demasiado relajado a una competición normalmente no ganaba.
Una pequeña cantidad de duda le hacía mantenerse atento y prepararse mejor.
Ser campeón del mundo: «Uno de los días más felices de mi vida»
En Río de Janeiro 2013, Asley González se convirtió finalmente en campeón del mundo.
Cuando le pregunté qué sintió después de conseguirlo, lo definió de una manera muy sencilla y emotiva a la vez:
«Es uno de los días más felices que he tenido en mi vida.»
Había trabajado durante años para aquel momento y finalmente tenía la medalla en sus manos. Contaba incluso que se despertó al día siguiente y todavía le costaba creer que realmente lo había conseguido.
Su familia también vivió aquel resultado desde Cuba. Asley procede de Placetas, en Villa Clara, y explicaba que allí mucha gente conocía y seguía su carrera desde que era joven. Le preguntaban cómo le había ido, por qué había ganado o por qué había perdido.
Cuando llegó el oro mundial, el campeonato pudo verse en directo en Cuba y sintió que toda aquella gente disfrutaba el resultado junto a él. Su madre, de hecho, sigue conservando allí muchas de sus medallas y recuerdos deportivos.
Pero precisamente en la final que le convirtió en campeón mundial ocurrió algo que marcaría los siguientes años de su carrera. Se lesionó el hombro.
La lesión y el miedo a no poder continuar
Las lesiones tienen una particularidad difícil de entender para alguien que nunca ha construido su vida alrededor del deporte. Aparte del dolor físico, en ocasiones también amenaza aquello que haces todos los días, tus objetivos e incluso parte de tu identidad.
Asley pasó aproximadamente un año fuera después de aquella lesión. Y cuando le pregunté cuál era su mayor miedo, respondió directamente: «Mi miedo era no poder seguir.»
Intentó acelerar la recuperación. Volvió a competir antes de sentirse completamente recuperado y, aunque consiguió competir y obtener resultados, sabía que aquello no era lo mismo. Seguía limitado y empezó a dudar.
Con el tiempo entendió algo que ahora considera fundamental: una lesión tiene que recuperarse bien. Apurar el proceso terminó jugando en su contra. Lo explicó con una expresión muy gráfica:
«Un paso adelante, tres atrás.»
Es algo con lo que personalmente conecto bastante. Cuando el deporte ocupa una parte muy importante de tu vida es extremadamente difícil aceptar que la mejor decisión puede ser precisamente no entrenar. Quieres volver cuanto antes y en cuanto notas una pequeña mejoría ya quieres probar.
Pero Asley, después de haberlo experimentado como deportista profesional, lo tiene ahora bastante claro. La carrera deportiva es corta, pero la salud continúa después. Hay que recuperarse correctamente y aceptar que, si es necesario, se puede volver a empezar desde cero.
«Al final empezar de cero no pasa nada.»
Probablemente sea una frase mucho más difícil de aplicar que de decir. Pero también una de las enseñanzas más importantes de su experiencia.
Cómo es entrenar judo en Cuba
Muchas veces desde España resulta bastante más difícil comprender las condiciones en las que muchos de esos deportistas se han formado.
Asley habla con muchísimo respeto de los técnicos y entrenadores cubanos. Considera que existe un gran nivel humano y deportivo. El problema son los recursos: Falta material, faltan mejores condiciones de entrenamiento, faltan alimentos adecuados, suplementos, vitaminas, medicinas y determinados medios para la recuperación.
Y cuando empezó a contar ejemplos concretos es cuando realmente puedes empezar a imaginar la diferencia.
Explicaba que muchos niños corrían descalzos durante los entrenamientos de atletismo porque sus familias no podían permitirse tener unas zapatillas para entrenar y otras para ir al colegio. Y lo resumió con algo que me pareció especialmente duro, poniéndole voz a lo que era la situación típica de un niño cubano deportista:
«Mi madre no me va a dar un par de zapatos a mí para que yo vaya a correr si me lo puede dar para la escuela.»
También habló de comidas muy básicas dentro de las escuelas deportivas. Después de algunos entrenamientos podían tomar simplemente agua con azúcar.
Dormían muchos deportistas juntos en albergues y compartían prácticamente toda su vida con otros niños que entrenaban diferentes disciplinas.
Y su primer tatami tampoco se parecía demasiado a aquello que muchos conocemos. Era una superficie creada con serrín y cubierta por una lona. Cuando el serrín se mojaba y se agrupaba podían aparecer zonas duras debajo de la tela.
Asley bromeaba incluso preguntándose si todas aquellas dificultades podían ser parte del secreto de los resultados de los deportistas cubanos. Seguramente la respuesta sea bastante más compleja, pero sí deja una reflexión interesante.
Muchas veces pensamos muchísimo en encontrar las condiciones perfectas para empezar. El mejor tatami, el mejor judogi, el mejor material, la mejor suplementación. Todo eso ayuda, evidentemente. Pero algunos de los mejores judokas del mundo han surgido precisamente de lugares donde muchas de esas cosas simplemente no existían.
Retirarse, echar de menos el judo y volver representando a Rumanía
Las lesiones no terminaron con aquel hombro. Con el paso del tiempo también aparecieron problemas en ambas rodillas. Sus resultados empezaron a bajar, había otro competidor fuerte en su misma categoría dentro del equipo cubano y finalmente tomó la decisión de retirarse.
Se alejó completamente del judo, no pasó inmediatamente a ser entrenador, ni siguió viviendo dentro del circuito de competición. Lo dejó por completo durante aproximadamente dos años hasta que apareció una oportunidad inesperada.
Un amigo le propuso ir a Rumanía y volver a vincularse con el judo. Inicialmente el proyecto combinaba dos papeles: entrenador y atleta. Y Asley aceptó. Echaba de menos competir y volver a sentir el tatami internacional.
En este caso las condiciones eran diferentes. Tenía mejores posibilidades de recuperación, alimentación y entrenamiento que las que había tenido anteriormente. Y poco a poco volvió.
No consiguió los mismos resultados que durante sus mejores años representando a Cuba, pero recuperó algo que para él ya tenía muchísimo valor, el placer de volver a competir.
Representar a Rumanía sin dejar de sentirse cubano
Cambiar la bandera que aparece junto a tu nombre para alguien que ha representado durante tantos años a un país tiene necesariamente una dimensión personal. Por eso le pregunté qué sentía cuando entraba al tatami con Rumanía en la espalda.
¿Representaba a Rumanía? ¿Seguía representando a Cuba? ¿A ambos?
Su respuesta fue: «Hay algo que no pierdes nunca, que son tus raíces.»
Estaba agradecido a Rumanía. Le habían tratado bien y le habían dado la oportunidad de volver a competir en un momento muy diferente de su carrera. Se sentía orgulloso de representarla, pero seguía siendo cubano.
Él lo describió prácticamente como una mezcla de las dos cosas. Puedes cambiar de residencia, puedes competir bajo otra bandera, puedes construir una nueva etapa de tu vida, pero eso no significa necesariamente borrar todo aquello que existía antes.
Cambio de categoría de -90 kg a -100 kg
Su regreso también implicó un cambio deportivo importante. Durante prácticamente toda su etapa de máximo nivel había competido en -90 kg, pero en Rumanía comenzó a hacerlo en -100 kg.
Había buenos competidores rumanos en -90 kg y surgió la posibilidad de subir de categoría. Además, después de las lesiones y estando en una etapa diferente de su carrera, tampoco quería someterse a esfuerzos innecesarios para bajar de peso.
Algo que me llamó la atención es que Asley nunca había sido partidario de realizar recortes extremos. Incluso durante sus mejores años hablaba de perder únicamente tres o cuatro kilos para alcanzar los -90 kg. Necesitaba comer y mantenerse bien hidratado para sentirse fuerte.
Al pasar a -100 kg encontró un judo algo más físico y con rivales generalmente más grandes, pero no consideraba que existiese una diferencia radical con respecto a -90 kg. Seguía siendo una categoría rápida, explosiva y con muchísimo trabajo de kumi-kata, por lo que se adaptó bien.
Pero poco a poco se acercaba inevitablemente otro momento. El final definitivo de la competición.
¿Quién eres cuando dejas de ser deportista de élite?
Esta era probablemente una de las preguntas que más ganas tenía de hacerle. Porque creo que existe un problema del que se habla relativamente poco en el deporte. La identidad.
Durante años puedes organizar absolutamente toda tu vida alrededor de una actividad, eres judoka, eres competidor. Tus amigos están relacionados con el deporte. Tus horarios están relacionados con el deporte. Tus objetivos están relacionados con el deporte. Tu cuerpo está preparado para el deporte. Incluso cuando alguien te pregunta quién eres, gran parte de la respuesta está relacionada con aquello.
Y un día se termina. ¿Qué ocurre entonces?
Asley ya había vivido una primera retirada en Cuba, y reconoce que aquella fue la más complicada. Dejar la competición, volver a casa, cambiar completamente de vida…
Cuando llegó posteriormente el final de su etapa en Rumanía, el proceso fue diferente. Ya lo había vivido. Además, llevaba tiempo combinando el papel de atleta con el de entrenador.
Su último gran objetivo había sido intentar llegar a los Juegos Olímpicos de París, pero una nueva operación de rodilla terminó alejándole del ranking necesario.
Finalmente decidió que había llegado el momento de dejar de competir. Incluso tenía ganas de estar más tranquilo. Esta vez tenía algo esperando después: La enseñanza.
De campeón del mundo a entrenador de niños
Hay algo bonito en cómo termina, por ahora, esta historia. Asley empezó judo siendo un niño, después se convirtió en deportista de élite, fue olímpico, fue campeón del mundo, se lesionó, se retiró, volvió, cambió de país… Y ahora está delante de niños que van descubriendo el mismo deporte que él comenzó a practicar con 11 años.
Pero sus objetivos como entrenador han cambiado. Cuando trabajaba con deportistas de alto rendimiento en Rumanía, el objetivo era conseguir resultados. Ahora trabaja con niños y quiere otra cosa. Quiere evidentemente que aprendan judo, pero también quiere que disfruten, que aprendan valores, que sean buenos compañeros que sean buenas personas, que aquello que sucede sobre el tatami les prepare también para aquello que encontrarán fuera.
Porque cuando le pregunté qué le había dado el judo para utilizarlo posteriormente en su vida, respondió hablando de voluntad, paciencia, disciplina y capacidad para enfrentarse a situaciones difíciles.
«El judo te prepara para la vida.»
Probablemente esa frase resuma bastante bien toda la conversación.
«Quiero que el niño cambie haciendo judo»
Antes de terminar le pregunté algo muy sencillo. ¿Qué te gustaría que un niño saliera sintiendo después de entrenar contigo? Lo primero que respondió fue evidente:
Que aprenda judo, que conozca el deporte, que lo disfrute, que llegue a apasionarse por él, pero después fue mucho más allá. Habló de que ese niño aprenda a relacionarse con sus compañeros, con su familia y con las demás personas. Que adquiera disciplina, control mental, valores, y que con el paso de los años su entorno pueda observarlo y decir:
«El niño ha cambiado mucho haciendo judo.»
Creo que es difícil encontrar un cierre mejor para su historia. Porque después de haber conseguido prácticamente todo aquello que un competidor puede perseguir, su objetivo ahora se centra en transmitir a otros lo que el judo hizo con él.
Asley lo expresó de una manera muy sencilla:
«Yo soy judoka, yo tengo un camino, yo tengo una filosofía.»
Y ahora ese camino continúa desde otro lugar.
¿Qué es el judo para Asley González?
Al final de la entrevista hicimos una pequeña ronda de preguntas rápidas.
Le pregunté si prefería el judo antiguo con agarres de piernas o el actual. Eligió el antiguo.
Le pregunté qué norma cambiaría del judo de competición. También recuperaría la posibilidad de agarrar las piernas.
Después le pregunté ¿cuál es el mejor consejo que has recibido?
Su respuesta: «Hazle caso a tu madre.»
¿Y el peor consejo?: «Por un día no pasa nada.»
Porque muchas veces ese primer día se convierte en otro, y después en otro. Ya sea para dejar de entrenar, abandonar un hábito o empezar uno que puede terminar perjudicándonos (como alcohol, drogas o por el estilo).
Pero antes de todas esas respuestas le había preguntado algo todavía más importante.
¿Qué es para ti el judo?
Después de una vida entera dedicada a este deporte, su definición necesitó solamente cuatro palabras:
«Una forma de vida.»
Y probablemente sea imposible resumir mejor su historia.
La entrevista completa con Asley González
En esta entrevista hemos hablado de muchas más cosas: su infancia, el sistema de alto rendimiento cubano, Londres 2012, el Mundial de Río 2013, las lesiones, sus retiradas, Rumanía, el cambio de categoría, la enseñanza y la forma en la que el judo puede ayudarnos mucho más allá de ganar o perder un combate.
Si quieres escuchar todas estas historias directamente de Asley, puedes ver aquí el episodio completo del podcast de Chishiki Judo:
Después de hablar con él me quedo especialmente con una idea.
Aunque los resultados y las medalla importen. Lo que permanece durante mucho más tiempo es aquello en lo que te has convertido durante el camino. Y quizás ahí esté una de las partes más importantes del judo (y de la vida).


